15 de agosto de 2013

Pequeña amiga que vives el techo del placard, que conoces mi rutina, que saludas a mis amigos aunque ellos no te saluden a ti, dime, por qué hablo de tú con vos si debería hablar de vos contigo?


2 de agosto de 2013

¿Quién quedará cuando el viento se haya llevado todo? 
¿Quién seguirá esperando esperanzas en la puerta de su vieja vida? 
Será el que nunca se animó a caminar por la calle de lo incierto. 
Será aquel que permitió que la niebla hiciera abrigo de sus sueños. 
Quizás la cotidianidad. 
¿O comodidad? 
Excusas, trabajos, papeles, negativos. 
¿Quién quedará cuando el viento se haya llevado todo? 
Yo no. 

17 de mayo de 2013

Change.

Fue sólo un momento. Y volé. Un salto de fe hacia la nada. 

Los cambios llevan tiempo. Tienen un trama intricada y compleja, van cargados de sensaciones paradójicas y se toman su tiempo para convertirse de cambios a realidad. Sin embargo, todo cambio posee un inicio. Un principio, ese punto de inflexión donde uno - o la vida - decide que se tiene que producir un corte en el camino para tomar otra dirección. Es en ese momento, donde se produce el famoso salto. Ya sea mental, o un verdadero golpe contra la pared del destino, es un mero instante, el que tiene el poder de cambiar un futuro. Y pienso que por eso es que hay que poner en valor cada instante de la vida, porque nunca se sabe en cual de todos empieza un nuevo cambio.


15 de abril de 2013

La no tan bella durmiente.

La casa dormía. Hace años, había perdido la vitalidad, a medida que una capa de adormecimiento se posaba en las paredes, en los muebles, en su esencia. había dejado de irradiar se sentimiento de hogar del pasado. Ahora en cambio, recibía con una manta de melancolía a cualquiera que la habitase. no servían de nada las remodelaciones, ni las limpiezas profundas. La tristeza levitaba desde la entrada, por el pasillo  a ese funesto cuarto del fondo donde la había visto por ultima vez. Y la casa, incapaz de hacer otra cosa, dormía.

29 de marzo de 2013

Esperando la correspondencia.


Todas las mañanas, a las 8.00, cuando salía para el laburo, me encontraba con una viejita simpática, ya más cerca de los cien que de los noventa, sentada en la puerta de su casa. Era la abuela de un compañero de primaria, Rami, tomábamos chocolatada con melbas juntos cuando teníamos contraturno. Ya me había acostumbrado a salir un poco antes de mi casa, porque sabía  que si me veía me esperaban minimo 20 minutos de la misma historia, repetida cual disco rayado:
-          Sra Norma, como le va?
-          Bien, un poquito más vieja nomás.
Y después las preguntas de cortesía sobre su nieto, las quejas de doña Norma porque seguía sin entender la computadora que Ramiro le había comprado antes de irse a España y la misma pregunta de despedida:
-          Sigue esperando la correspondencia?
-          Y sí che, algún día llegará.
La “correspondencia” era una supuesta carta que su nieto le iba a mandar en cuánto se instalara en España. Pero no llegaba, y ya hacía rato que yo sospechaba que el muy sinvergüenza se había ido para sacarse a la abuela de encima y no tenía ninguna intención de contactarse.
Pero tuvo que volver, y no en la mejor de las circunstancias.
Resulta que a doña Norma le dio un infarto una de esas mañanas. La encontré yo, y tuve que encontrar al nieto para avisarle, era el único pariente vivo de la pobre mujer.
En el funeral, hablando con Ramiro, me entero del por qué de la falta de contacto. La señora Norma no tenía teléfono fijo, y nunca se le pasó por la cabeza que una carta pudiera llegar, no por manos del cartero, sino a través de ese cacharro moderno que nunca aprendió a usar.




14 de marzo de 2013

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Baja la temperatura. Y con los grados se ve, por norma general, bajar el tono de los colores de la gente. El bronceado desaparece, las ropas toman una gama más opaca, y parece que hasta las almas se adormecen. Hay más días grises, más narices rojas, más resfriados, más sueño. Pero para mí la llegada del frío trae algo más. El ambiente adquiere aire mágico. En el verano se anda destapado, colorido, irradiando euforia por todos los poros, todo está más expuesto. En los inviernos, por el contrario, se tiende a cubrir todo eso. Y no necesariamente tiene que ser algo negativo. Hay algo especial en sentir el propio calor en contraste, como si los sentimientos se juntaran a resguardarse del frío del exterior, y tuviéramos que jugar a descubrirlos como una búsqueda del tesoro.


11 de marzo de 2013


Escribí poemas fugaces para combatir el estrés acumulado como bolitas de ping pong en mi cuello, justo donde empieza mi cabeza. 

La terapia más eficaz para hacer catarsis de los tiempos modernos, donde imperan pastillas y recetas para adormecer realidades. Es más doloroso? Es más frustrante, más crudo? No desea uno evadir el sufrimiento a toda costa? Y sí. Pero empecé a escaparle a las soluciones instantáneas que sólo brindan beneficios instantáneos. Estoy aprendiendo que en los días sufridos, si se quiere, se aprende más profundo, y las luces (cada vez más frecuentes, más bonitas) que voy descubriendo en mi redescubrimiento del mundo se aprecian más cuando la niebla se disipa. Le estoy cambiando el nombre a mis traumas, que pasan a ser parte de mi imperfecta individualidad en vez de traumas. Porque sí, además de aceptar lo aceptable, tengo que aceptar lo que molesta. No para conformarme, sino para conocerme. Porque la negatividad nubla, niega y acorta, por no decir frena, los avances de la vida.